Tapia, Milei, las SAD y el negocio de la indignación
- Juan Cuzzolino

- 26 nov 2025
- 4 Min. de lectura

Chiqui Tapia y los dirigentes de la AFA se las ingenian para vivir en turbulencia permanente. Nadie puede discutir que el desorden, las polémicas y las sospechas con absoluta justificación. Pero hoy, mientras la crítica les cae encima con justicia, conviene no perder de vista el panorama completo: porque a veces mirar solo el incendio tapa a quien lo produce.
No hace tanto, en el 2016 , bajo la gestión de Armando Pérez —un interventor bendecido por Macrì — la AFA quedó tan vaciada que no había plata ni para los viáticos de la Selección. Messi viajaba y el hotel lo pagaba un dirigente (Chiqui Tapia) con su tarjeta de crédito personal, de ahí la relación cercana entre los jugadores y el actual mandamás.
Aquel gobierno de emergencia dejó un combo explosivo: Bauza designado improvisadamente, Sampaoli dirigió un Mundial con un proyecto de cartón en donde Becaccece le enseñaba a Messi como patear tiros libres y Mascherano armaba el equipo para quedar eliminados con Francia.

Mientras tanto en el ámbito local también había treinta equipos en Primera. Y los arbitrajes… bueno, ya hacían de las suyas igual o peor que ahora. No había proyecto: había vaciamiento y un intento primigenio por traer las SAD.
Hoy conviene decirlo sin anestesia: el sistema extorsivo de arbitrajes, en el que todos los clubes están inmersos y donde todos piden favores, es parte estructural del problema. Es una rueda que hastía al hincha y lo desgasta, pero solo explota cuando el fallo perjudica al propio club. Cuando favorece, silencio. Cuando no, incendio. Esa doble ética futbolera también alimenta el barro donde crecen quienes hoy quieren quedarse con todo.
A esta trama hay que sumarle un actor que en los últimos años se volvió determinante: las redes sociales. Son el caldo de cultivo perfecto donde la mayor barbaridad sin fundamentos es la que más likes recolecta. Es el ecosistema ideal para las operaciones: instantáneo, emocional, sin memoria. Acá funciona un sistema aceitado —global, pero en Argentina encarnado históricamente por el antiperonismo— que consiste en llenar de denuncias sin sustento, muchas veces mediáticas o directamente inventadas, contra cualquiera que quieran derrocar.
Es el ataque piraña: una marea de agresiones, exageraciones y acusaciones que busca destruir la reputación de la persona objetivo. En esta época , más que nunca, no importa la verdad, importa lo que se instala y lo que la gente cree. Así funciona la política. Y así funciona hoy el fútbol.
Todo es tan evidente como bizarro. Por ejemplo, el mayor paladín de las denuncias contra la AFA, las lleva adelante semana tras semana en TN ¡¡¡CARUSO LOMBARDI!!! Acusado por sus propios jugadores de pedirles coimas para jugar.
Por eso, señalar que la gestión de Tapia es un desastre en cuanto a transparencia no habilita a romantizar lo anterior, ni mucho menos a creer que lo que propone Milei —que no es hincha de ningún club, pero pretende quedarse con todos— sea la solución.
Si lo que realmente molesta es la corrupción, entonces debería pedirse que, si se comprueba, Tapia dé un paso al costado y asuma Riquelme o cualquier dirigente que sostenga que los clubes son de los socios y no juguetes de un fondo de inversión como el de Foster Gillett que fracasó de la mano de Verón hace pocos meses dejando un tendal y jugadores “colgados” entrenando en una plaza porque no llegaban los pagos. Si lo que molesta es la resistencia a las SAD, entonces el problema no es ético: es ideológico.
Y ahí aparece otra cuestión central: el peronismo no tiene postura. Se sabe que lo que viene es peor. Se sabe que la avanzada privatizadora busca transformar clubes en mercancías y a los hinchas en consumidores. Pero frente a lo evidente, ¿qué hace?
¿No hay posicionamiento?
¿Por qué no impulsar a un Riquelme?
¿Por qué no buscar en el fútbol argentino a un dirigente íntegro, probado, honesto, defensor del rol social de los clubes?
La inacción “a lo Alberto”, hasta que pase la tormenta no puede ser la única postura.
Hoy, las fuerzas que operan son demasiado notorias. Fabrican malestar, saturan pantallas, militan la idea de que todo lo existente es un desastre para posicionar a su propio alfil. Y si algo demuestra la política —y el fútbol hoy es política pura— es que cuando todo se destruye a propósito, el que aparece como salvador termina manejando la cancha, la pelota, la plata… y los clubes.
Ojo con esto: el jueguito de indignarse por todo no solo desgasta. Prepara el terreno para otro Milei, uno que desembarca prometiendo ordenar lo que él mismo ayudó a dinamitar. Vienen en nombre de la transparencia, el orden , los consensos y el diálogo para finalmente dialogar solamente entre ellos y hacer negocios con lo de todos.
La pregunta es si vamos a dejar que nos suban a una nave que no piloteamos, o si esta vez —por una vez— elegimos no repetir la trampa gravitacional de siempre y ser protagonistas de nuestro propio destino.








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