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TICS DE LA REVOLUCIÓN EN EL ROCK DEL PAÍS

  • Foto del escritor: Juan Cuzzolino
    Juan Cuzzolino
  • 8 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

 


El pasado sábado y domingo, el Estadio Único de La Plata volvió a convertirse en el santuario del músico más convocante de la historia argentina. El Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado celebraron 20 años de El Tesoro de los Inocentes, y aunque Carlos Alberto no estuvo físicamente —por problemas de salud como él mismo explicó en los videos proyectados— su sombra, su voz y su mito caminaron entre las columnas de humo de las bengalas como si hubieran fichado entrada junto al resto.


La liturgia ricotera es así: no necesita cuerpo, apenas presencia. Y esa presencia se sintió no solo en la música sino en la mística, en el pogo, en esa energía que se agita como sismógrafo social.



Entre banderas de “Cristina Libre”, cánticos masivos contra Milei y un Solari que, en uno de los videos, apareció escoltado por una imagen enorme de Evita mientras sus músicos hacían la “V” peronista, quedó claro algo: no era un recital más. Fue una asamblea popular donde casi 200 mil personas durante las dos noches en La Plata —y cerca de un millón siguiéndolo por YouTube— formaron un país dentro del país. La batalla cultural que libró el presidente perdida por goleada. Todos “tics de la revolución” noventosos (con batalla campal en los ingresos incluidos) que durante años parecieron dormidos se hicieron presentes a la misa.


Los dos shows abrieron (en realidad fue el segundo tema) casi litúrgicamente con “Todo Preso es Político”. ¿Mensaje para Cristina Fernández de Kirchner? En otro contexto sonaría exagerado. En este, suena demasiado obvio como para ignorarlo.


Adidas es la cultura


Entre los temas solistas del Indio sonó Nike es la cultura, un título que, si uno presta atención, funciona como un diagnóstico más que como canción. Pero hoy la cultura no la marca Nike: la marca es Adidas, ese uniforme paraoficial de los setenta que La Cámpora y el Kirchnerismo en general revivió y  convirtió en estética, en pertenencia hace años y hoy es récord de ventas en todo el país.


Lobo Suelto


Otro fenómeno que creció exponencialmente en los últimos meses es la “marca país “. En todos lados proliferan tazas, remeras y merchandising con símbolos nacionales y consignas patrióticas. El sol de mayo es el tatuaje de moda, las remeras de Maradona o con la bandera argentina o las Islas Malvinas son furor. Un revival soberanista… salvo por un pequeño detalle: muchos de quienes se envuelven en banderas argentinas, pegan stickers celestes y blancos o toman mate con un escudo nacional votan sin contradicción a Milei, el mismo que pide préstamos cada dos meses  a Estados Unidos, entrega soberanía como si fueran caramelos y milita su enamoramiento por Israel.


Cuando alguien señala la contradicción, la respuesta del votante disforico promedio es: “¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?”


La enajenación y “fingir demencia” es un estilo de vida. “Hay que darle tiempo” “y si sale bien?” “Yo tengo esperanza“ algunas de las frases idiotizantes a lo Claudio Maria Domínguez que buscan depositar “fe” en las cuestiones políticas que la mayoría no quiere ni analizar por miedo a darse cuenta de que todo se puede ir al diablo rápidamente. Nos resistimos a pensar para no tener que actuar y que otro lo haga por nosotros. Como si eso nos salvara del infierno que se vendrá cuando haya que pagar la cuenta de un gobierno de alquimistas, timberos y encantadores de serpientes.


Cuando el fuego crezca quiero estar allí


Por otro lado, si el rock, la cultura y hasta la vestimenta son marcados —con éxito— por un sector político, más allá de que la mayoría no repare en el trasfondo de estos hechos , ¿por qué ese mismo sector no logra marcar el rumbo del país? ¿O al menos tomar la centralidad de la discusión política? ¿Por qué su mensaje no atraviesa? Los primeros signos o chispas de que algo ocurre subterráneamente se ven, pero, ¿eso alcanza? ¿Falta representación? ¿Falta organización? ¿ Hoy se prefiere lo frívolo y no profundizar? ¿O, simplemente estamos esperando que alguien arranque con el pogo más grande del mundo para contagiar al resto de la masa que parece dormida?


El recital que fue mucho más que eso dejó en claro que el descontento popular está latente. Lo peligroso no es que falte energía, sino que siga sin dirección. A la frustración hay que saber conducirla. Porque la historia demuestra que cuando el pueblo no encuentra conducción, alguien más dirige la bronca… y casi nunca para bien.

 

 
 
 

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